Fahrenheit 451

Ray Bradbury

Imagina un futuro donde leer es un delito y los bomberos, en lugar de apagar incendios, se dedican a provocarlos para quemar libros. Guy Montag es uno de ellos y hace su trabajo sin cuestionar nada, hasta que conoce a una joven excéntrica que le abre los ojos a un mundo donde la gente piensa, siente y se hace preguntas. Una distopía explosiva y aterradoramente cercana sobre la censura, el control mental y el poder oculto en las páginas de un libro. Absolutamente imprescindible para jóvenes que se atreven a pensar por sí mismos y rebelarse contra el sistema.

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Cedric Román 01 Jul 2026 ★★★★★ CONTEXTO HISTÓRICO: El génesis cuento de “Fahrenheit 451” se describe empleando la frase “Cinco pequeños brincos y luego un gran salto”, es decir, el autor empezó imaginando los pensamientos literarios de un hombre, y escribiendo un relato imaginativo titulado «Bonfire». Poco después de ello, fabricó otro cuento más imaginativo sobre el futuro próximo, titulado «Bright Phoenix», en donde se cuenta que el patriota fanático local amenazó al bibliotecario del pueblo a propósito de miles de libros por quemar… El autor, a pesar de haber estado relativamente pobre, ha desarrollado en gran medida como talento escribir relatos cortos desde los 12 años. ¿Qué es lo que le inspiró a escribir cuentos así? Hitler había quemado libros en Alemania en el año de 1934. Además, hubo una caza de brujas en Salem en 1680. Su formación romántica en la mitología romana le movió, de manera especial, a dicha actividad. Asimismo, se ha estado enloqueciendo mucho de alegría al correr a la biblioteca, sopesar el peso de los libros que portaba y el suyo, y correr de vuelta a la casa a disfrutarlos. Este cuento nos presenta a Montag, un muchacho a quien le rodean extrañezas, pues para él, quemar libros, lejos de resultarle una mofa, más bien le parece un “hobby”; tiene a una esposa extraña (Mildred), tiene una amiga también extraña (Clarisse),… Todo es extraño para él. Además, Montag, insólitamente, es muy sensible ante estímulos externos, lo que lleva a Clarisse a admirarlo por sus características tan extraordinarias que se salen del plano real. A juicio mío, me pareció realmente interesante, al ver que cada hecho, para una persona, le resulta extraño. Y no son únicamente hechos que ocurren pasivamente, sino también activamente, es decir, realiza actos que están fuera del sistema. El inicio del capítulo II es curioso, pues es el momento en que se resuelve el misterio de la repentina desaparición de Clarisse: ella había muerto. Asimismo, ya se está planeando lo que Montag hará, aunque sólo está adquiriendo libros y su motivo. Además, representantes el momento en el que el profesor Faber se inquieta de los hábitos de Montag. Por último, el tercer capítulo. Al principio, supuse que reflejara la ejecución de lo planeado por Montag—quemar libros con orgullo. Se relata en un ambiente donde hay humo e incendios—todos en pánico y sin soportar el fuego. Incluso Montag deduce el punto máximo de satisfacción en medio de incendios—tantos que hasta puedo imaginarme una ciudad donde todo es fuego, puro fuego, con temperaturas que llegan a cifras astronómicas… Aquí, ya representa el punto en el que, hasta Montag, lejos de sentirse orgulloso de ver al mundo arder, más bien ya entra en pánico —le arde el cuerpo, recibe etiquetas negativas e incluso es buscado por la policía por asesinato y crímenes contra el Estado—. Eso sí, Montag pudo haber quemado libros con orgullo, como lo había prometido al principio, pero terminó casi en tragedia… Después de haber leído el cuento, si se me pregunta “¿Cuál capítulo te interesó más”, yo, con mucha emoción, escogería el capítulo III definitivamente, sin discusiones. Ahora, reflexionemos… Si todo lo que ocurre en el cuento es ficticio, ¿qué ocurre si todo ello es real? Esto es característico de cualquier cuento del género de ciencia ficción. Al llevar ello al plano de Fahrenheit 451, podemos reflexionar preguntándonos qué ocurriría si los incendios, lejos de ser señales de pánico, realmente produjeran satisfacción, especialmente cuando se trata de quemar libros, un montón de libros, e incluso archivos análogos… Pero también demuestra que eventos catastróficos como ver al mundo arder no siempre tiene (y debe) causar orgullo.

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